Juan Carlos Sosa Azpúrua / Referéndum Revocatorio: la ruta de la Libertad.

18-2-16


No podemos continuar debatiendo sobre el sexo de los ángeles mientras el régimen concluye su “obra maestra”: La destrucción total de Venezuela.  

Es baladí analizar y seguir reflexionando sobre causas, errores, traiciones y un sin número de variables pretéritas, que nos mantendrían estancados en la trampa que nos puso Cuba: la resignación a vivir en el olvido, en la tierra del “pudo haber sido pero no fue”.  

A dos meses del 6D, es obvio que la Asamblea Nacional no logrará cumplir ni el 5% de las promesas hechas en tiempos de campaña. Lo que está a la vista no puede negarse. La razón por la que tanto advertimos de la futilidad de seguir ese camino es porque conocemos a fondo la naturaleza vil de lo que nos tiraniza, y bien sabíamos que sería inútil izar la bandera institucional cuando el Estado está secuestrado por una mafia que solo entiende el lenguaje de la aberración.  La esterilidad de la AN, con cualquier mayoría, estaba cantada, pese a las infundadas esperanzas que se les sembraron a tantos venezolanos de buena fe.

Pero reconocemos que el 6D se abrió una compuerta fundamental que debe aprovecharse sin dilación, solo así se podrá capitalizar un evento que fue un arma de doble filo.  Entregando la AN, el narco régimen tomó oxígeno. Su plan consistió en mostrarle al planeta un rostro democrático y endosarle un porcentaje alto de sus culpas a las fuerzas opositoras, concentradas en la MUD (Ver: http://www.lapatilla.com/site/2015/12/11/juan-carlos-sosa-azpurua-reflexiones-post-electorales-jugada-maestra-de-fidel-castro/).  

Frente a la olla de presión que estuvo a un grado de explosión antes de las elecciones parlamentarias, para la “Corporación Fidel Castro”, escuela del mal con sesenta años de experiencia en las prácticas del engaño y la simulación, la AN representaría la manera de huir hacia adelante que la realidad le exigía a gritos. Despojándose de la AN, quiso ganar tiempo para ensayar cualquier vericueto para mantenerse con vida en nuestra tierra. 

Las negociaciones entre EEUU y Cuba se aceleran, y cuando se comiencen a materializar los negocios que hoy están en papel, la salud financiera del “proceso revolucionario” mutará de color progresivamente. 

También la apuesta de los precios del petróleo es una variable importante. Cada día que pase, es día que esos precios pueden mejorar. Muchos de los grandes proyectos petroleros no pueden financiarse con las cotizaciones actuales. Los petroestados están activando medidas dirigidas a cambiar el curso de las aguas. Arabia Saudita ya logró sacar del juego a muchos productores independientes y ahora quiere que los precios retornen a niveles superiores. Igual lo desea Rusia y cualquiera de los productores grandes, incluyendo a Estados Unidos, cuyas principales empresas no pueden seguir postergando las nuevas exploraciones y desarrollos, ni sacrificando ganancias en áreas que en el presente operan a pérdida. 

Y si los precios del crudo se recuperan, aunado a la apertura comercial cubana, eso generaría un flujo de dólares que podrían convertirse en los polvos mágicos que necesita Maduro para resucitar de su muerte política, que hoy expele los peores olores… en política los muertos sí resucitan. 

No debe perderse de vista que la AN es exactamente lo que el régimen necesita para ganar tiempo.  Allí se montó un teatro perfecto que produce ilusiones peligrosas.  Si el país no copia a Ulises y se ata al mástil de la razón, tapándose los oídos con cera, la tentación de sucumbir a los cantos de sirena será imposible de resistir. 

Esos cantos seductores son los discursos carismáticos de Henry Ramos Allup. Con su swing de viejo zorro político, y ese verbo encendido que señala los pecados del régimen, el vicepresidente de la internacional socialista provoca una catarsis poderosa en las angustias colectivas. Y así seguirán discutiendo leyes que jamás se ejecutarán y propondrán salidas que al final conducirán a ninguna parte. 

No pongo en duda la buena fe de quienes hacen propuestas como la Enmienda y la Constituyente, pero a tenor del apocalipsis actual, las mismas son píldoras de cianuro para la libertad de Venezuela. 

Y lo son porque ambas alternativas implican darle más tiempo al régimen para que descubra la fórmula que necesita para recuperarse, mientras Venezuela sigue destruyéndose.  

La Enmienda, en el mejor de los casos, le regalaría catorce meses de vida a Maduro, y siempre con la certeza que al final su ejecútese sería destruido por un TSJ que la declarará improcedente.  

Y la Constituyente, no solo tendría que transitar todo el camino electoral para su estructuración, sino que una vez activada, la dinámica de su desarrollo implica meses de debates y confrontaciones que ni en un país ideal es óptima para finales felices. No hay tiempo.  

Ante este panorama, a mi modo de verlo, tenemos solamente dos caminos posibles: 

1) Develar la verdad sobre la fecha de muerte de Hugo Chávez y exigir que se demuestre la incapacidad de Maduro de ejercer el cargo de presidente, entre otras, por no cumplir con los requisitos constitucionales referentes a la nacionalidad. 

Si se devela la farsa sobre la fecha del deceso de Chávez, el asunto de la nacionalidad sería irrelevante (y lo mismo al revés), porque igual Maduro tendría que entregar el cargo por haber sido cómplice del fraude a la nación y al planeta. Para lograr esto, la AN tendría que exigir una revisión exhaustiva de todos los decretos originales firmados por “Chávez” desde diciembre de 2012 (presunta fecha de su muerte) y el 05 de marzo de 2013 (fecha oficial de su deceso, sospechosamente coincidente con el aniversario de la muerte del “Dios revolucionario” J. Stalin). 

La AN debería nombrar un comité de expertos internacionales en grafología y determinar la autenticidad de la firma plasmada en esos decretos. Logrado esto, es obvio que el TSJ nunca lo reconocería, pero la AN podría hacerle un llamado al país para que, en base a esa realidad fraudulenta revelada, se pronunciase en las calles, incluyendo la institucionalidad militar que aún se puede salvar en sus mandos medios y soldados rasos, no corrompidos como el alto mando, al que obviamente tendrían que desconocer. 

Esa institucionalidad militar, confrontada con la farsa descubierta, seguramente se inclinaría por el respeto a la Constitución, y se pondría en consecuencia del lado de la libertad. Y lo mismo tendría que hacerse con el asunto de la nacionalidad. 

Desconocido Maduro y sus cómplices (incluyendo al vicepresidente actual), le tocaría al presidente de la AN asumir la primera magistratura nacional con carácter interino y el deber de convocar a elecciones presidenciales en un lapso no mayor a treinta días. 

Especulando, no sé si esta alternativa opaque las ambiciones de Ramos Allup de lograr la presidencia de la República por un período completo, tras una enmienda constitucional que acorte el período de Maduro a cuatro años; pero los intereses de Venezuela deben estar por encima de cualquier ambición personal, por más tentador que resulte contar con la tarima de la AN para hacer campaña presidencial durante un año. 

Y en todo caso, el presidente de la transición tendría el chance de pasar a la historia como la bisagra que hizo posible el retorno a la democracia, tras tantos años de sufrir una tiranía inaceptable; oportunidad que debería ser suficiente para las ambiciones personales de cualquier político.

Pero visto que la AN no ha dado muestras de ningún interés en tomar el camino de la revelación de la farsa respecto a la muerte de Chávez; y el asunto de la nacionalidad de Maduro está en veremos, la única ruta constitucional restante sería el Referéndum Revocatorio, que no depende de la AN y tampoco del TSJ. 

2) Referéndum Revocatorio: Aquí es donde tenemos que concentrarnos y aprovechar lo ocurrido el 6D. El mundo tomó nota que el régimen perdió el apoyo de la mayoría del país en forma aplastante y es imposible hacer creíble que en un puñado de meses esa realidad pudiese voltearse, sobre todo teniendo en cuenta que la crisis humanitaria se ha seguido profundizando y el régimen no ha contado con ninguna posibilidad de maniobra, gracias a su colapso financiero motorizado por la crisis de los precios del petróleo. 

Pero para que este camino conduzca a buen puerto, es imprescindible actuar de inmediato, sin perder un solo día en discusiones estériles o cayendo en mezquindades que pongan en segundo plano los intereses más sagrados del país, que no son otros que nuestra libertad.  

No debe preocupar el hecho de que el revocatorio solo revoque a Maduro, manteniendo intacta la estructura de un Estado secuestrado. Siendo Venezuela un país presidencialista, la elección de un nuevo presidente haría las veces del jaque mate, donde muerto el rey, el resto de las piezas en el tablero se vuelven nada.  

Un presidente de la República ajeno al narco régimen, y trabajando en conjunto con una AN dispuesta a colaborar, tendría todo el poder necesario para sacar a la luz pública los expedientes criminales de quienes pretendiesen seguir pervirtiendo las instituciones del Estado para favorecer a una mafia.  Las ratas saltarán rapidito del barco, y muchas buscarían encaramarse en el nuevo buque. 

Los cambios necesarios fluirían rápidamente, teniendo el nuevo presidente que aliarse con el mundo civilizado para acelerar todos los procesos de limpieza institucional y construcción de puentes para que circulen las variables correctas que faciliten la recuperación del país.  

Para tener éxito con el Referéndum Revocatorio solo hay que recolectar cerca de tres millones novecientas mil firmas.  Esta meta luce muy alcanzable y lo mismo la meta de los 7.585.579 votos para que se materialice la revocatoria del “mandato” de Maduro (nunca olvidando que dicho mandato fue usurpado).  

Partiendo del reglamento vigente del CNE, habría que recoger las firmas en tres días, lo que solamente con la activación de todo el país será posible. Esto igualmente se perfila como lograble, gracias al hartazgo nacional, que hoy es un grito desesperado de libertad. 

Y ese hastío sería el mejor incentivo para que las calles reaccionaran en caso de cualquier maniobra del CNE para sabotear lo logrado. 

Quiero insistir en el hecho de que esta propuesta solo es viable si se hace de inmediato (a más tardar en abril), lo que significaría una suerte de Jiu-jitsu ejercido sobre la estrategia de la “Corporación Fidel Castro”, ejecutada el 6D, cuando el títere militar de Cuba en Venezuela acató la orden superior de no robarse los resultados.  

Si los venezolanos queremos liberarnos de la mafia que nos borra el destino, tenemos que activarnos desde ya en la campaña por el Referéndum Revocatorio de un usurpador que nos llena de vergüenza y deshonra.  

No hay otro camino de libertad que luzca mejor en este momento. 

Caracas, a los dieciocho días del mes de febrero de 2016. 


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