David Guenni / EL DISCURSO MARXISTA EN LA “OPOSICIÓN”


Parte del esfuerzo de Resistencia consiste en desnudar la propaganda del enemigo, con el objetivo de acercarnos a la victoria también en el plano de lo discursivo. Ya para nadie es un secreto que la MUD y su intelligentsia son parte funcional del régimen. Lo que puede seguir permaneciendo oculto, a muchos, es el hecho de que el discurso de la Oposición Oficial está cargado de elementos ideológicos propios de una popular interpretación del socialismo marxista. Vamos por parte, ya que cada elemento deriva de los anteriores.

1) “Hay que ganarse y movilizar a los pobres, sin eso no hay cambio posible”. El argumento de que “subir a los barrios” es la primera prioridad de los venezolanos que quieren salir de la tiranía, proviene de una postura marxista, según la cual la única clase que -verdaderamente- puede ser sujeto revolucionario auténtico es la clase trabajadora (el pobre o proletario). Esta tesis queda anulada tras una breve consulta con la Historia: las revoluciones las hacen los estratos medios de la sociedad, ya que son éstos los principales sectores amenazados por las monocracias y los regímenes despóticos, y son los únicos que pueden adquirir consciencia política en pleno. Las grandes masas pobres son adictas a la figura del monarca, dictador o tirano (según sea el caso), ya que su psicología está orientada a la seducción por parte de figuras que representan seguridad y fuerza. Si los estratos medios logran sostener la Resistencia, los estratos bajos están ganados de antemano, y se adherirán al combate ya que su grupo de referencia son precisamente los sectores medios de la sociedad (su aspiración de vida es llegar a ser como dichos sectores). –El argumento en cuestión no sirve sino para distraer y dividir a la Resistencia.

2) “Hay que lograr una mayoría aplastante, una avalancha de apoyo dentro de la población; de lo contrario, no lograremos el cambio”. El argumento de buscar la “inmensa mayoría” proviene de otra tesis marxista, según la cual la revolución obrera era un derivado necesario e inevitable de la dinámica interna del proceso de acumulación de capital. La pauperización generalizada en los países altamente industrializados, haría del surgimiento de un movimiento de masas proletarias -con consciencia revolucionaria- algo fácil y abrumador. Pero la práctica demuestra, una y otra vez, que las grandes acciones políticas son llevadas a cabo por minorías decididas y comprometidas con una causa determinada. El resultado de la perpetua insistencia en la “construcción de mayorías”, es la resignación de esa porción de la ciudadanía que ya es (¡oh, sorpresa!) una comprobada mayoría numérica.



3) “Hay que hablarle a la gente de los problemas «sociales» y concretos, no podemos llegarle al pueblo con abstracciones”. El argumento acerca de que la adhesión demagógica solo se logra si se tocan los temas cercanos a la economía familiar, proviene de la situación filosófica y epistemológica básica de Marx y Engels. El marxismo clásico es estrictamente materialista -en el sentido economicista del término-, y por esa razón tiende a ver, detrás de TODOS los fenómenos humanos (arte, moral, política, comunicación, estructuración social, conocimiento, cultura, etc.), la mano peluda de la dinámica económica de la sociedad. No es de extrañarnos que la “oposición” fustigue como “inútil” cualquier tipo de argumento basado en la defensa de los valores, las leyes, las instituciones, la cultura, la dignidad, la Soberanía, la Libertad… Para los marxistas, todas esas “tonterías” son siempre menos importantes que las necesidades materiales de la gente. Pues malas noticias para ellos: el hombre no es solo necesidad, también es voluntad y consciencia. Una verdadera fuerza política decidida a combatir al comunismo en todos los frentes, sería la primera en elevar el discurso al terreno de las cosas más importantes que tiene el hombre – como ser en busca de la trascendencia. Una verdadera oposición a este régimen, denostaría de todo discurso que reduzca a los seres humanos, en su esencia, a la condición de especie animal, ya que el quiebre de la dignidad de las personas es el instrumento predilecto del comunismo.

4) “Lo que dicen los pobres es santa palabra, la opinión de ellos es la opinión que realmente cuenta”. El argumento de la superioridad intelectual -a priori- de los estratos bajos, proviene de las convicciones político-ideológicas del marxismo: dado que la meta irrevocable de la Historia es la sociedad sin clases, la clase llamada por la providencia a hacer la revolución final es el proletariado; lo cual justifica que todo lo que se identifique con este propósito supremo sea endiosado, por pertenecer al “lado correcto de la Historia”. Todo lo demás es automáticamente rechazado como “burgués”, “a-histórico”, “reaccionario”, “retrógrado”, “conservador”, “falsa consciencia”, “ideología”, etc. Las implicaciones perversas de esta postura, son evidentes: a los estratos bajos, en Venezuela, se les ha socializado para que bailen al son de la clase política clientelista; dichas cúpulas siempre pueden utilizar el argumento en cuestión para arrogarse una interpretación infalible de la “voluntad del pueblo pobre”, con lo cual se convierten en portadoras de la palabra de Dios (por aquello de vox populi, vox dei). Asimismo, la reducción analítica de todo proceso histórico a un asunto de clases socioeconómicas pervierte la realidad, y la simplifica brutalmente en función de compartimientos estancos; así, la manipulación del argumento democrático (ya que los pobres son mayoría) no se hace esperar, siendo arma favorita para el control de masas. Este problema “teórico”, sigue siendo uno de los vicios recurrentes producto de la adicción al marxismo. –Por cierto, ¿se fijó usted en que la presencia de los “sectores populares” en la Resistencia, es contundente?

5) “El gobierno, los radicales, los empresarios, los militares, todos son de derecha”. La tesis de que todo aquél que ataque a la MUD es “de derecha”, proviene de una visión de la sociedad contemporánea típica del marxismo clásico. Según el mismo, la sociedad capitalista se divide, a la hora de la verdad, en dos únicas clases: la burguesía y el proletariado. En consecuencia, todo lo que no encaja dentro del discurso de los máximos intérpretes del “pueblo pobre”, es un ataque de la “burguesía”, que ellos ven -naturalmente de forma errónea- como la «derecha». El argumento no solo impide la correcta identificación de la ideología del régimen enemigo, sino que también ignora la ausencia práctica de fuerzas políticas de centro o de derecha en el país; además, genera mayor confusión entre la población (puesto que imita la verborrea de los comunistas), sataniza y ahuyenta a los seguidores que no se consideran de izquierda, y es, simple y llanamente, una idiotez, producto de la indigestión mental de cualquier marxista.

Uno todavía no alcanza a entender, cómo puede haber alguien que logre establecer diferencias significativas entre los integrantes del chavismo y los de la Oposición Oficial. Después de todo, constituyen un gran bloque: la clase política venezolana. –Si usted entiende, por favor explíquese.




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