Juan Carlos Sosa Azpúrua / Diálogos de paz…fuerza magnética de los escombros


29/3/14


Existen situaciones en la vida donde premisas que en situaciones normales suenan sensatas, y hasta necesarias, en momentos extraordinarios pueden lucir inapropiadas y burlescas.  Este es precisamente el caso de los “diálogos de paz”, estrategia para aplacar las protestas, que han brotado como hiedra libertaria en cada pared de la Venezuela esclavizada.  

Durante quince años el régimen “castro comunista chavista” se ha afianzado en el poder, no solamente por los cuasi infinitos recursos económicos de los que dispone, y su capacidad de crear escenarios de ilusión, sino muy especialmente por la forma como se ha entendido la política y se ha ejercido desde las filas opositoras.  

En 2002, las grandes mayorías demostramos que no estábamos dispuestos a tolerar un sistema que violaba todos los derechos humanos y actuamos como sociedad civil para remover al principal responsable de la traición a la patria y los asesinatos.  

Pero privó la improvisación al momento de constituir un gobierno de transición, muchas fuerzas contrapuestas, mezquindades por doquier, órdenes contradictorias y equivocadas, ambiciones desmedidas, incapacidad de superar viejas rencillas entre los actores del momento, traiciones y mentiras, todo encapsulado en una píldora que el país tuvo que tragarse en dos días y que tuvo como efecto lo que ya conocemos: el regreso del felón, crucifijo en mano, con inteligencia superior para detectar a sus enemigos internos y decapitarlos a todos, incluyendo a los factores que decidían el manejo de la principal fuente de recursos del país: PDVSA.  

Y el caos generado siguió ejerciendo su fuerza desestabilizadora, con potencial de renovar el espíritu libertario y materializarlo nuevamente a través de la revocatoria del mandato del tirano. 

Pero la trampa se fue tejiendo y ya para 2004 se tenía perfeccionada la patraña para consolidar al régimen y eternizarlo en el poder: una matriz de opinión que trató con normalidad lo que era extraordinario. 

La sociedad civil se había organizado como fuerza motora de los cambios, pero sus pretensiones de normalidad afianzaron la premisa que siendo la naturaleza del problema lo político, le correspondía a los partidos y no a ella la resolución del conflicto, otorgándosele a los mismos la capitanía del barco para la navegación del país hacia puerto seguro. 

Se entregó un poder omnímodo a los políticos profesionales, quienes crearon la Mesa de Negociación y Acuerdos que aceptó el fraude comprobado del referéndum revocatorio y permitió que la institucionalidad de mentira se respetara como si fuera de verdad. 

Desde entonces, los desafueros se convirtieron en la regla operativa del sector político (con sus honrosas excepciones) y sucedieron cosas que no han debido ocurrir de haber tenido una dirigencia más estadista y menos infante, con visión a largo plazo y no con esa miopía cortoplacista.  

Se aceptó una consulta inconstitucional en 2007, que se celebró como victoria, haciendo caso omiso que con dicha consulta se legitimaba una aberración constitucional, que posteriormente podría materializarse, como en efecto hizo con la reelección indefinida; y además tuvo como corolario que se le terminara de la lavar la cara al CNE, imprimiéndose una confianza ilusoria en la capacidad de derrotar al régimen electoralmente. 

Y una vez puesta la torta de aquella mediación fraudulenta de César Gaviria  -como secretario de la OEA-, Jennifer McCoy –como vocero del Centro Carter– y Gustavo Cisneros-como amigo de muchos-; la Mesa de Negociación y Acuerdos se transformó en la Coordinadora Democrática y ésta a su vez mutó a la Mesa de Unidad Democrática. 

Con diferentes nombres siempre representó lo mismo: una minoría burocrática de políticos tomando las decisiones más trascendentales de la nación, afectando el destino de todos y cada uno de nosotros.  

Pero ese poder cuasi infinito de la MUD se lo entregó el país incondicionalmente, como una forma que tuvo la sociedad civil de dejar que fuera otro el que lidiara con el problema, y así continuar su vida como si todo estuviera normal, llevando a cabo el día - día que se vive en democracia, con libertad. 

En pocas palabras, la MUD se convirtió en la tranquilidad de consciencia de una sociedad que ya estaba harta de tener que sostener el peso de su suerte, la angustia perenne de vivir en caos, y tener que confrontar las preguntas que son tan difíciles de responder, los dilemas que se les presentan a los hombres y mujeres de bien cuando les corresponde el deber de proteger a su sociedad de la debacle, parándose frente al tirano y poniéndole un freno. 

Ese deber implica una carga enorme en la consciencia y si existía la forma de aligerar su peso, entonces se aprovecharía, y ese remedio lo encontró la sociedad civil en la MUD. 

Pero los remedios a veces son peores que la enfermedad, y entregar semejante responsabilidad a una entidad integrada por todo tipo de intereses, incluyendo los del régimen, resultó ser una terrible decisión, que pagaríamos con “sangre, sudor y lágrimas”.  

La MUD embarcó al país en los mares envenenados de la farsa institucional, y nuevamente pretendió aplicar las premisas lógicas de la normalidad a circunstancias extraordinarias, donde esa lógica no es aplicable. 

Se construyó un teatro para representar una comedia llamada democracia en un país que estaba sucumbiendo a la peor de las tiranías, porque no solamente se trataba de un régimen tiránico, sino de un régimen tiránico proveniente de una dictadura extranjera, un sistema esclavizador que supera las cinco décadas violando todos los valores humanos de la civilización occidental.  

Y la MUD hizo creerle a la sociedad, que se dejó engañar voluntariamente, que el teatro era la realidad, que el guion preparado para una comidilla no era ficción, sino la narrativa correspondiente a una verdad absoluta.  

Una y otra vez se institucionalizó la mentira: En 2008 con la consolidación de la reelección indefinida; en 2010 con la farsa parlamentaria; en 2012 con el circo electoral de las presidenciales, donde un arlequín asesino sería legitimado como comandante invicto e inmortal; y 2013, con la cerrada de ojos ante dos decisiones del TSJ que terminaron de asesinar al Derecho en Venezuela y permitieron que se burlara frontalmente la Constitución, para darle luz verde al heredero de Chávez, y agente de Fidel Castro, para que fuera candidato y se erigiera fraudulentamente como presidente de la República.  

Y todo esto sumándose a los procesos electorales regionales y municipales, que una y otra vez legitimaban al árbitro de las mentiras. Sin olvidar los dos procesos de Primarias – del partido Voluntad Popular y la de los candidatos de la MUD – organizados innecesariamente con un CNE viciado hasta la médula, con torres de pruebas que lo anulaban como árbitro, torres que se volvían invisibles debajo de los mantos mágicos de ilusión. Espejos que se colocaron de frente a la montaña de la verdad, para que la gente viera reflejada una democracia que a estas alturas de la historia solamente podía engañar a quien quisiera auto engañarse.  

Y como hubiese sido un suicidio político no vociferar lo que era evidente ante los ojos de cualquiera, se cantó fraude y se le hizo creer al país nuevamente que las decisiones que tomaba la MUD se tomaban en interés del país y no de un grupo minoritario de políticos encumbrados.  

Entonces las protestas se frenaron, para empaquetarse en un leguleyismo que a priori se sabía no llegaría a ninguna parte, porque pretender que exista institucionalidad en el planeta, dispuesta a combatir a una tiranía de izquierda, es sencillamente una burda mentira, o en el mejor de los casos, una alucinación. 

Y una vez envuelto el paquete leguleyo, la MUD lo lanza al agua ácida, para que se fuera disolviendo hasta la nada, el tiempo suficiente para conducir al país a una nueva farsa electoral. Estas elecciones, absurdas de concebirse con un fraude cantado meses antes, son convertidas en un plebiscito, gracias al arte y la magia de la MUD. Matan dos pájaros de un tiro: 1) limpian el tufo de farsante al heredero de Chávez; 2) devuelven los tornillos y grasas a la maquinaria del CNE, activándola para la próxima farsa. 

Nada de lo anterior hubiera sido posible sin el consentimiento de todas las partes involucradas, incluyendo un porcentaje nada despreciable de la sociedad civil, esa que hace años decidió delegarle la voz de su consciencia a ese mago ilusionista que es la MUD.  

Pero en las filas de la sociedad civil siempre hubo una minoría, silenciada por los grandes medios de comunicación, que se opuso a creerse la mentira, y una y otra vez hizo lo posible porque su voz se escuchara entre los pitos, serpentinas y danzas de la comidilla electoral. 

La voz de esta minoría comenzó a filtrarse por las ranuras del hartazgo, y sus sonidos se escucharon el año pasado de diversas formas: como “Anónimos”, como “Auto convocados”, como “Movimiento estudiantil” y a través de individualidades que libraron algunas luchas todos estos años, voces que comenzaban a romper los espejos de ilusiones, dejando ver la montaña de la verdad, y se hicieron eco en un número creciente de personas que ya no pueden soportar un día más el teatro de las mentiras. 

Y no siendo 2014 un año electoral, algunos actores de la MUD tuvieron el impulso para bajarse de la tarima, caminar por el pasillo del teatro y asomarse por sus puertas al mundo de la realidad, ese donde la lógica de lo normal no aplica, el terreno donde se ve en su gigantesca dimensión las cumbres de la montaña de evidencias tiránicas, que ya no hay espejo que tape. 

La realidad atrapó a estos disidentes de la MUD y algunos hasta lograron el milagro de convertirse en voces legítimas de la verdad…una verdad que penetró las puertas abiertas del teatro, chocó contra sus columnas y lo derribó, para clavar su estandarte encima de las ruinas, obligando a todos a observarla por primera vez en muchos años.  

Y es una verdad incómoda, siempre lo fue y por eso todavía hay quienes insisten en cerrar los ojos y taparse los oídos, buscando por todas partes el mecanismo para seguir delegando el poder a otro. Tan acostumbrados a no escuchar su propia consciencia, que ahora que por fin vuelven a oírla, les parece tan extraña que la quieren silenciar a cualquier precio. 

Pero el teatro está  en ruinas, los espejos se rompieron, y la MUD ya no es dueña del guion, porque ese libreto quedó atrapado debajo de los escombros de la mentira.  

Y en este mundo de la verdad, la vida no es fácil, nada fácil.  Obligados a sentirla, la sociedad civil se está encontrando consigo misma, con el imperativo de asumir nuevamente el reto de su destino, ese destino que hace imperativa una lógica que use premisas acordes con lo extraordinario, porque solo así puede lograr un respuesta verdadera, y no la eterna mentira que regala una lógica normal, que solamente funciona montada en su tarima teatral. 

¿Y cuál es la verdad? 

La respuesta siempre ha sido la misma, pero por fin logra escucharse. Venezuela está sometida a un régimen tiránico que debe ser erradicado igual que se elimina un tumor cancerígeno.  

La circularidad de la historia traslada la verdad a sus precedentes más recientes y los recuerdos se clavan en 2002, el momento cumbre donde todo se vino abajo, el nacimiento de un trágico error que permitió la construcción del teatro de ilusiones, la mentira de una democracia que solamente sirvió para beneficiar a sus ilusionistas más aventajados. 

Entonces el reto consiste en aprender las lecciones de esta historia para no volver a repetir errores, tan costosos que comprometen el destino de varias generaciones de venezolanos. 

La encrucijada se nos presenta porque aquí en la intemperie de la verdad, las ruinas del teatro logran colar todavía algo de su otrora encanto, es como un soplido de magia que se escapa de los escombros, ejerciendo una fuerza magnética de atracción sobre aquellos que se acostumbraron a ser extranjeros en sus consciencias. 

Se mueven algunas tablas y telas, el polvo se levanta y allí aparece la MUD, sucia y rota, pero viva, necesitada de su gloria perdida, buscando el traje de mago y su varita, pretendiendo regresar las cosas a su lugar, ser una especie de Superman que le da la vuelta varias veces a la órbita terrestre para regresar el tiempo al momento justo y así evitar la destrucción del teatro de las ilusiones. 

La MUD, andrajosa y afeada por su mugre, pretende seguir siendo una  sirena mágica, pero su voz no suena igual, y si lograse el canto se conseguiría con una paradoja. 

La ironía consiste en el efecto que tuvo la destrucción del teatro. El barco que navegaba aguas fraudulentas, en la coreografía teatral nunca necesitó de mástil cuando lo tuvo. 

La sociedad civil fue un Ulyses que no quiso amarrarse, que se dejó llevar por la música de la sirena, quedando atrapado en las profundidades de ese mar falaz, aguas de anime pintadas de azul, que mojaban de “verdad” cuando funcionaba la mentira. 

Pero sin teatro, tampoco hay barco, y Ulyses busca amarrarse, pero ahora sí no puede hacerlo. Y es que aunque lo lograse, prontamente colisionaría con su propia esquizofrenia, porque ¿para qué atarse si no hay canciones de sirena? 

Ulyses está solo, perdido en una tierra sin mar, aferrado a un mástil sin barco, luchando por escuchar a una sirena sin canto.  

Lo que se observa es un escenario crudo, fuego quemando los restos de la mentira, barricadas de escombros allí donde estuvo alguna vez erigido el teatro de ilusiones, Ulyses…Sirena…no hay mástil, no se escuchan las canciones, no hay magia. 

Y sobre la tierra pueden divisarse las lecciones del pasado, juntas tejen una alfombra que facilita el paso entre tanto desecho acumulado, basura que estorba pero no tapa la verdad.  

La fuerza magnética que emana de aquellos escombros se pierde en el camino, Ulyses se desintegra, se fractura, y sus trozos son las partes de un todo que cobran vida propia. Son ahora muchos Ulyses y no todos sucumben a la esquizofrenia que enfermó a su figura cuando estaba completa. 

La sociedad civil se divide. Algunos corren hacia el mástil invisible, lo rodean con sus brazos, implorándole a la sirena que cante, que vuelva a ser aquel mago maravilloso que les permitió vivir en paz durante tantos años. 

Otros corren en la dirección opuesta, alejándose de los escombros, buscan escalar la montaña de la realidad y alcanzar sus cumbres, porque saben que es allá arriba donde está la llave del candado de la cárcel, es cerca de las nubes donde los esclavos se encuentran con la Libertad y se unen a los hombres y mujeres libres que siempre estuvieron allí, como el tonto de la colina al que una vez le cantó Lennon. 

Esas lecciones obligan a hacer las cosas bien esta vez.  Sin teatro, sin magia, con esos Ulyses aferrados a mástiles inexistentes, esperando el canto de una MUD sin voz que finalmente honra su nombre, las cosas no volverán a ser como antes, y el futuro dependerá de la resistencia que se tenga escalando la montaña de la realidad.  

Se necesita un gobierno de transición que sustituya a la tiranía, que debe sucumbir al no tener teatro donde disfrazarse de democracia. 

Pero este gobierno hoy no existe y debe constituirse a la brevedad posible.  No puede esperarse a que la tiranía logre reconstruir su teatro, tampoco a que el tenue magnetismo filtrado de los escombros recupere su voz, o que el tirano, ahora sin su traje de emperador demócrata, desnudo en pelotas siga aterrorizando a la población, asesinándola, violándola, apresándola, despareciéndola…que siga tambaleándose en un desierto en llamas, porque entonces las improvisaciones sucumben a la tentación del protagonismo y todo se echa a perder, como en ese lejano, pero tan cercano, año 2002.  

La sociedad civil, los Ulyses montañistas, no pueden cansarse y en el camino hacia la cumbre deben articular quiénes integrarán el gobierno de transición, y qué medidas tomarán para sostenerse con fuerza hasta limpiar el terreno de escombros y volver a edificar en él un escenario apto para ajustarse a la realidad, con premisas extraordinarias que calcen en el silogismo extraordinario que no soporta una mentira más, que no debe permitir una lógica normal en un silogismo que no lo es. 

“Diálogos de paz”…así se llama la fuerza magnética de los escombros, así se escucha gritar a los Ulyses aferrados a su mástil imaginario, y esa es la voz silente de una sirena malograda que aspira volver a cantar. 

“Diálogos de paz”…así se bautizó a la mentira que lucha por sobrevivir tras su derrumbe…

”Diálogos de paz”…así se etiquetó el traje del emperador desnudo, ese manto mágico que disfraza a un tirano y lo hace lucir como un demócrata. 

Quiénes, qué políticas aplicarán, cómo se llevará a cabo la transición…estas son las preguntas que deben hacerse, y las respuestas tendrán que darse…sin demora, con paso firme. Solo así podrá alcanzarse la cumbre y allí arriba podrá soñarse con libertad el país que nos merecemos ser. 

La voz de la consciencia hoy suena en muchas más cabezas…no permitamos que vuelvan a silenciarla. 


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