David Guenni / La voluntad de la chequera...



30/3/13

Hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar. Esas mismas cosas, a ratos, parecieren estar reservadas a unos pocos cultores de la Virtud. Ciertamente, para los que hoy se abanderan a sí mismos como la “oposición” venezolana al régimen neo-comunista, esas cosas están vetadas. ¿Y es porque estos personajes desconocen la importancia de “cosas” como la libertad, la dignidad, la entereza, la responsabilidad histórica, el mérito, la ética…? No. No tienen esas cosas que son de valor inconmensurable porque son débiles de espíritu.

A ver. Llamamos “colaboracionismo” a la actividad regular de toda aquella organización, agrupación de individuos o red que alienta, auxilia o asiste a la consecución de los fines que pueda tener cualquier tipo de fuerza de ocupación extranjera en territorio nacional. Pero también me parece colaboracionista la actitud de todos aquellos actores (individuales o colectivos) que, teniendo posibilidad de lo contrario, no hacen absolutamente nada por resistirse a la destructiva presencia de dicha fuerza de ocupación enemiga. Esto es así, ya que, adoptando dicha actitud, este segundo tipo de colaboracionistas tiende luego a convertirse en obstáculo para lograr la expulsión del usurpador foráneo, expulsión anhelada, por su parte, entre los miembros de la resistencia. Para los que aún recuerdan lo que significaron las ocupaciones nazi y soviética, en los territorios del mundo que aspiraban a la libertad, este concepto debería ser muy familiar.

Cuando se tiene un país invadido por los intereses del comunismo planetario, teledirigido por los capitanes de la miseria del Foro de São Paulo y comandado por las huestes de la dinastía Castro, lo mínimo de lo que puede categorizarse a esta situación es de invasión por una fuerza (enemiga) de ocupación extranjera –apátrida, encima de todo. La resistencia civil -y militar- al comunismo, en Venezuela, es tan vieja como la crisis, por lo que no podemos ser calificados de “entreguistas” así como así. Pero resulta que, siguiendo las máximas del camarada Stalin (que seguramente hizo plagio), el gobierno chaveco entendió, hace mucho, aquello de “oposición; antes de que puedan organizarse”.

No sabemos a ciencia cierta cuándo arrancó el proyecto de fabricar una supuesta “oposición” al régimen, con el fin de reprimir todo tipo de Oposición verdadera al neo-comunismo. Quizá fue luego de las aventuras de 2002, quizá después. Quizá estaba en los planes, desde el momento en que el Foro de São Paulo idea la “estrategia” de conquistar las plazas de poder continentales con elecciones. Lo verídico es que funcionó; después de todo, estamos hablando de los herederos de la URSS en Latinoamérica. Lo hacen modestamente bien, por cierto. Parece que aquel famoso mandamiento de los débiles de espíritu -“si no puedes contra el enemigo, únetele”- fue seguido a cabalidad. Los chavecos fabricaron a su MUDa “oposición”: la -actualmente- rebautizada “oposición oficial”. Y, a los que estamos en la resistencia, vaya qué pesar nos da el hecho de que el principal obstáculo para salir del comunismo sean los que se autoproclaman “alternativa democrática venezolana”. Qué duro. Qué grande es el reto que tenemos por delante los que peleamos en la guerra por la Libertad.

En un régimen con pretensiones totalitarias, todo lo que no se haga en su contra, para debilitarlo, lo legitima. En efecto, la mayor parte de las cosas que se hacen en la superficie lo fortalecen: lo que el régimen deja vivo es por conveniencia; nada que el régimen no ataque será realmente espontáneo y genuino. Se genera, así, un sistema unidireccional. El sistema político que se ha erigido bajo las alas del neo-comunismo, en Venezuela, es constantemente legitimado por la actual “oposición” oficial. Cada vez que siguen la agenda del régimen le dan fuerza y contribuyen con retocarle el maquillaje que aún tiene. Se lo dije al lector en “Cómanse mis sobras” (un artículo previo). Una sociedad sobrepoblada por moscas y vampiros genera este tipo de actores políticos: espectros que depredan energía, confianza y jovialidad del sistema político, con lo cual terminan conformándose con la miseria que engalana el statu quo. Y todo es herencia del degenerado sistema anterior, que era controlado por una élite que perdió los estribos y se hizo demasiado débil para resistir la “revolución”: esa -pretendida- “élite” desplazada, que todavía respira gracias al oxígeno que obtiene del régimen actual; que hoy tiene caras nuevas, mercaderes de cargos de nuevo cuño… recuerdos vivientes de aquella letra según la cual “se ven las caras, pero nunca el corazón”.  

Las agrupaciones -“pandillas” sería lo correcto- politiqueras, que hoy visten el uniforme de “contrincante” que les da el régimen, le hacen comparsa a las elecciones que monta el gobierno, le hacen comparsa discursiva e ideológica a todas sus prácticas políticas, convalidan todas las usurpaciones legales y constitucionales que puedan ocurrir, no luchan por ninguna causa política importante ni pretenden conquistar libertades (hay presos políticos, controles económicos asfixiantes, abundantes medidas arbitrarias, desparpajos diplomáticos, declaraciones infames, crímenes de lesa humanidad, corrupción monumental a todo nivel, dominación ideológica, imposición de políticas absurdas de toda clase, entrega del territorio nacional, violencia sistemática, persecución y represión…); (auto)censuran a las voces realmente críticas y disidentes que hay en “nuestro” bando, silencian todo tipo de iniciativa que reivindique la dignidad de la República y sus extintas instituciones, etc. Además de todo lo mencionado, siguen el juego del “toma-y-dame” que les ofrecen los chavecos a nivel mediático y ponen a sus (casi extintos) canales a replicar el juego. Esta gente de los partidos MUDos ya solo necesita que le den sede al “Ministerio del Poder Popular para la Oposición”. Todos socialistas (muchos, incluso, sin saberlo), todos pendientes de comicios fraudulentos, todos permanentemente “encampañados”, todos negociando prebendas y “seguridades” de parte del régimen; colaborando, pues. Como diría un buen cantante de los ´90: “todos narcos”.

La Política desapareció del sistema político venezolano. Sí, exacto. La vocación de poder fue reemplazada por la voluntad de la chequera y todos los que no entren en esa chequera, créanlo, serán reprimidos, perseguidos, desplazados, golpeados y hasta torturados. Así se acomodó el sistema: dominas por completo al país, pero a un grupúsculo de pillos le garantizas relativa “seguridad” y un espacio -casi un cubículo- para que haga su politiquería de siempre, y muestre sus pataletas por los medios de comunicación. De esta forma, aglutinas y contienes a los “loquitos” que pretenden organizarse para hacerte frente, legitimas tu régimen de inmundicia y aparentas legalidad en la desinformada “comunidad internacional” –que también tiene su precio, como todo el mundo. Nunca olvidemos al camarada Fidel: “las revoluciones no van a elecciones al menos de que estén seguras que van a ganar”.      

Pretende el neo-comunismo tropical convertir a los habitantes de este país en manadas de perros hambrientos: esperando recibir a la boca las sobras de la comida del amo. Quizá quieran concretar esa especie de situación pre-estatal en la que estamos sumidos. Se vive ya un cuasi- Estado de Naturaleza hobbesiano en las calles. Yo siempre he sostenido que la idea final es hacernos retornar a los tiempos de las “huestes de Boves”: caudillo bandido – pueblo embelesado, saqueador de sus propias riquezas. Otros hablan del advenimiento de una especie de sultanato. Mientras tanto, el popular “bozal de arepas” sigue más vivo que nunca –esta vez se fabrica en areperías socialistas.

Lo que no dudo, ni por un segundo, es que en la Venezuela Futura acabaremos con el colaboracionismo entreguista y cobarde de nuestra dignidad como individuos en sociedad. Un devenir de grandeza espera a todos aquellos que siguen su vena libertaria y combaten, en la resistencia, por cambiar las cosas de manera tajante. Se acabó la complicidad, se acabó el “gato encerrado”, se acabó la guachafita.    

Por último, respondo a la objeción de rigor: “¿y si no contamos con ellos (la comparsa ‘oposicionista’), quién nos queda?”. Se tienen a ustedes mismos, ¡alcen la frente! No sigan siendo esclavos y clientes del sistema decadente. Súmense al esfuerzo de los que estamos en la resistencia, al sueño de los que pretendemos ser la alternativa para un país de verdad. El que pelea por la Libertad no le impone al otro qué hacer, le dice lo que puede evitar. Eviten seguir convalidando a este circo patético. ¡Son sus vidas las que están en juego! Alístense para la guerra cotidiana del despertar de las consciencias, del desmontaje de la mentira politiquera, del pensamiento por un futuro brillante, de la concepción de una sociedad digna de hombres y mujeres libres. La guerra sigue, a pesar del show electorero, a pesar de las desavenencias, a pesar del aplastamiento mediático. Mientras haya -aunque sea- un grupito dispuesto a combatir por la libertad de la persona humana, no todo está perdido; más bien, con eso, ya se ha ganado la voluntad de seguir dando la cara.

El “sistema” no es una abstracción de conceptos difusos hecha por intelectuales aburridos, es una vasta red de personas de carne y hueso: cómplices, operarios, operadores y agentes muy reales (muchos de ellos archi-conocidos), que día a día trabajan para que tú, lector, sigas siendo un esclavo dependiente de los que mandan. Aquí, en Venezuela, esa red responde a los intereses de la izquierda internacional, que hoy contraataca en nuestro continente. Por tu dignidad humana: no le sigas dando el gusto de mantenerte con las rodillas en la tierra.


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