Juan Carlos Sosa Azpúrua / La encrucijada



20/7/12


La gravedad de la firma del acuerdo redactado por la mano tiránica trasciende cualquier intento de minimizarlo u obviarlo. El Comando Venezuela se apresuró a poner su rúbrica sobre un “documento” que el mismo candidato opositor estaba descartando por no responder a los intereses de su estrategia.

Dejaron al candidato ante la opinión pública como una marioneta de fuerzas superiores que hacen las cosas al margen de su voluntad. Realidad que representa un doble motivo de preocupación para aquellos que percibimos esta lucha como un asunto de vida o muerte. 

A estas alturas del drama, las improvisaciones y frivolidades no solamente son patéticas, sino que también pueden costar sangre. Desde siempre hemos sostenido que el haber planteado la respuesta a la tragedia que vivimos llevando la pelea al terreno electoral que controla el aborto fidélico es un error que nos puede costar el país por varias generaciones. 

Un inescrupuloso usurpador, que tiene años violando todos y cada uno de los principios y valores sobre los que se fundamenta cualquier sociedad civilizada, digna y decente, no merece un día más en el poder. 

Una combinación de cobardía, corrupción y ceguera ha hecho que buena parte de las fuerzas vivas venezolanas hayan decidido voltear la mirada y justificar sus carencias bajo la cortina de una institucionalidad democrática inexistente. Desde Gandhi ha quedado muy claro que ninguna autoridad, por poderosa que sea, puede sostenerse en pie si sus víctimas asumen una actitud retadora y optan por desconocerla. 

Es imposible que ningún poder pueda existir, si las personas que lo sufren deciden obviarlo, ignorándolo como autoridad hasta que se evapora. 

Pero aquí, los petrodólares fueron una bailarina luciferina irresistible. No se necesitaron fusiles, una petrochequera inmortal hizo las veces de balas, corrompiendo las entrañas de la sociedad. 

Los militares, con honrosas excepciones, se dejaron comprar, ante los ojos de cualquier espectador, el rol que han tenido en esta pesadilla los condena al cuarto más caliente del infierno. Venezuela fue entregada con desparpajo a los peores intereses mundiales. Nunca en la historia, ni siquiera con el francés Vichy en la ocupación Nazi, un país fue entregado de manera tan indigna y repugnante. 

Pero los militares se adormecieron con los vapores verdes del petróleo y los narcodólares. Abandonaron a la sociedad a su suerte, pretendiendo que los civiles pusieran el pecho, arriesgaran sus vidas y lo perdieran todo, para luego, cuando el trabajo estuviere hecho, salir ellos como los héroes de la tragedia. 

Y los empresarios, los pocos que quedan, y también con honrosas excepciones, escondieron la cabeza como los avestruces, cruzando los dedos para que sus negocios no cayeran en la mira de los chacales rojos. 

Los políticos, así mismo con honrosas excepciones, igualmente claudicaron, optando por convivir con lo indecible, esperando sobrevivir en un cementerio de valores, navegar en un río de sapos y culebras, transándose con el mal, porque solamente eso puede decirse cuando deciden seguir legitimando a quien usurpa el poder, incluidas todas sus putrefactas instituciones de trapo. 

Se sabe que el organismo electoral es un robot de hediondeces, controlado a voluntad por quien domina todo lo demás. Pero las fuerzas políticas hacen caso omiso de esto. Distraen la atención con pinturas que borran el foco de lo importante. Hablan de condiciones y solamente se refieren al abuso que el tirano hace del espectro comunicacional, como si todo lo demás estuviera en perfecto estado. Y lo que verdaderamente importa, lo denunciado internacionalmente por los mejores técnicos electorales del país, eso se ignora. Viajan a Washington y tienen el desparpajo de acusar de radicales golpistas a quienes denunciamos la putrefacción de un cadáver a los que ya no ni los huesos se salvan. 

Y avanzan con una campaña electoral al mejor estilo de las democracias populistas del pretérito Tercer Mundo de los años setenta. Insisten en tapar el sol con un dedo y para colmos rematan usando esos dedos para estampar su rúbrica en un documento que les obliga a aceptar los resultados cantados por los coristas del tirano; así no más, sin condiciones, sin siquiera advertir que si esos resultados no reflejan la voluntad de la gente, los mismos se desconocerían. 

Esa bufonada repudiable, refleja la más hueca ausencia del espíritu guerrero que es imprescindible para luchar por la Libertad….no por espacios políticos o por estadísticas de apoyos capitalizables políticamente, sino por lo único que está en la picota en estas elecciones: La Libertad. 

Meses atrás quisimos evitar que las Primarias fueran celebradas usando para ello todos los vicios que hemos denunciado. Llegamos al extremo de proponer una candidatura fuera de la MUD para poner el dedo en la llaga insistiendo en la necesidad de unas condiciones sin las cuales una elección en Venezuela es igual que ir al cine a ver una película de los hermanos Marx. Pero fue inútil. 

El veto mediático nos arropó con una manta mágica que nos hizo prácticamente invisibles. Tras las Primarias, y con el triunfalismo apoteósico que se produjo en los factores opositores que dominan la matriz de opinión, se nos hizo evidente que las condiciones que consideramos esenciales, jamás se obtendrían y que inscribirnos en un CNE de utilería no sería otra cosa que formar parte del combo que insiste en legitimarlo como si se tratara de un ente de verdad. 

Pero en aras del pragmatismo y el beneficio de la duda, optamos por apoyar con todas nuestras fuerzas a Henrique Capriles, aún y con lo incómodo que resulta apoyar a quien sigue una estrategia que consideramos equivocada, por las razones ya expuestas. 

La única esperanza es que Henrique se convierta en un luchador por la Libertad. Que se desprenda de los intereses partidistas, y se transforme en el líder que encabezará la cruzada por la Libertad, que pasa por desconocer autoridades usurpadoras, y reivindicar los principios y valores por los que vale la pena la vida. 

Pero el acuerdo firmado, sumado a las declaraciones reiterativas de gente del Comando Venezuela y de la MUD que insisten en obviar la putrefacción del organismo comicial, nos provoca una gran angustia, ya que nada bueno puede esperarse de semejantes actitudes y acciones. 

Falta poco para octubre. Nunca olvidemos que Rosales también provocaba marchas apoteósicas y triunfalismos mediáticos de titanio. Y sabemos lo ocurrido. 

La farsa aquí comienza por aceptar como contendor a un ser que tiene 20 años (desde 1992) destruyendo al país y violando reiteradamente las bases constitucionales de la República. 

Se prolonga la farsa, aceptando medir la contienda con un árbitro que respira con los pulmones del tirano, habla con su boca y mira con sus ojos. Y se consolida la farsa, incentivando un carnaval electoral con colores y serpentinas cayendo sobre un cementerio de libertades. 

En lo que queda de tiempo, la sociedad venezolana deberá confrontar la encrucijada en la que nos encontramos: ¿Delegaremos nuevamente nuestro destino a un puñado de políticos que no dan signos de trascender sus intereses mundanos? 

Esa es la pregunta que deberemos respondernos en estos meses. 

Que Dios los bendiga a todos... y que nos agarre confesados.


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