Jesús Antonio Petit da Costa / Patriotismo y honor,

Jesús Antonio Petit da Costa / Patriotismo y honor, reivindicación nacional


19/03/12


Compatriotas: ante el mundo estamos dando la impresión de un pueblo sin honor ni dignidad, porque permitimos que El Tirano nos humille y deshonre entregando la patria a Cuba, trasladando la capital a La Habana y poniéndose en manos de la monarquía comunista cubana, única poseedora del secreto de su enfermedad.

El enfermo está enfermo sin duda, pero ni se cura ni se muere. Mientras tanto, limpia el piso con el honor nacional. No lo hace siquiera con las manos. Lo hace con los pies. El honor nacional es un estropajo con el cual se luce sacándole lustre de metrópoli a la monarquía comunista cubana. Goza exhibiéndonos como un pueblo cobarde, más cobarde que ningún otro, porque ningún otro pueblo en el mundo permite lo que él nos está haciendo. No somos un bravo pueblo. Somos un pobre pueblo cobarde con los pantalones abajo ante los cubanos. Así, con los pantalones abajo estamos sin que nadie diga nada. Sin que nadie haga nada. Sin que nadie mueva un dedo para reivindicar el honor nacional. ¿Y la deshonra del país cómo queda? Queda impune por la cobardía colectiva.

El Tirano, antes de la enfermedad, ya estaba confeso en el delito de traición a la patria. Lo confesó ante el país entero, por medio de la televisión, al decir: “Venezuela tiene dos presidentes, el cubano y yo. Porque Cuba y Venezuela  tienen un solo gobierno. SOMOS UN SOLO GOBIERNO.” Admitió así que las autoridades cubanas, concretamente los hermanos Fidel y Raúl Castro, intervienen en los asuntos internos de Venezuela y participan en el gobierno de la República. Esta confesión hace plena prueba, si la vinculamos con sus viajes frecuentes a Cuba para rendir cuentas ante los hermanos Castro, con el aporte fiscal de Venezuela para el sostenimiento de Cuba, con la entrega de petróleo venezolano para ser administrado por Cuba en las ventas al exterior (Petro-Caribe) y con la presencia de miles de cubanos ejerciendo autoridad en el gobierno de Venezuela (44.000 reconocidos por él mismo, pero son muchos más). Y por la sumisión filial ante Fidel Castro, su papá político. Había incurrido, pues, en la mayor traición de la historia nacional contra Venezuela. Pero visto que nada ha pasado, porque todo el mundo acepta tranquilo esta traición a la patria, se consideró autorizado para hacer lo que viene haciendo: se mudó a Cuba, trasladó la capital a La Habana y entregó a Cuba el secreto de su enfermedad, considerado por él mismo secreto de Estado, que lo hace incurso en otro delito contra la seguridad nacional: la revelación de un secreto de estado a una potencia extranjera. Si es secreto de Estado para los venezolanos, es delito revelarlo a un gobierno extranjero.

Estaba en lo cierto El Tirano cuando tomó la decisión sobre su enfermedad. Este país perdió la vergüenza hace rato. El Tirano nos está pisoteando y lo único que se oye decir es “pobrecito, le deseamos suerte.” Un masoquismo jamás visto en la historia universal. Está limpiando el piso con nuestro honor de venezolanos y cual esposa sumisa, víctima de la violencia doméstica, la respuesta de instituciones, poderes fácticos e individuos es: “sí, mi amo, te deseo que vivas para que me sigas pateando.” No creí presenciar nunca tal estado de degradación colectiva. Estaba influenciado por los libros que cuentan las gestas heroicas. Sinceramente nos merecemos El Tirano.

Si hubiese una pizca de dignidad y vergüenza hubiésemos reaccionado protestando y negándole la autorización, y aunque fuese un saludo a la bandera, hubiésemos presentado, para salvar la honra y crear conciencia en el pueblo, un proyecto de Ley de Acefalía,  como existe en países decentes que cuidan de su honor. Propondríamos en dicha ley, primero, que la falta temporal del Presidente de la República por enfermedad sólo puede autorizarse si acompaña la solicitud con certificación médica que contenga diagnóstico y pronóstico. No se admite el secreto. Segundo, el deber del presidente de tratarse su enfermedad en Venezuela por razones de seguridad de Estado. No se admite excusas. Si la enfermedad es tan grave que no hay recursos para ella en Venezuela, se declara la falta absoluta para que pueda viajar al extranjero. Tercero, cualquiera sea la causa de falta temporal, incluyendo el viaje al extranjero por menos cinco días, asumirá la presidencia el Vice-Presidente mientras dure la falta. Cuarto, en ningún caso el presidente podrá despachar desde el extranjero, ni estar bajo el cuidado de autoridades extranjeras, porque en tales supuestos estará incurso en el delito de traición a la patria.

Es cuestión de recuperar el honor nacional perdido y resucitar el patriotismo. Una larga marcha comienza con el primer paso.





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