En Venezuela se abandonó el modelo de elecciones competitivas, propias de las democracias liberales de tipo occidental, a favor de un modelo no competitivo que era característico de las “democracias populares” del este de Europa y que todavía sobrevive en algunos países, que bien podría llamarse de tipo oriental o “despotismo asiático”.
La condición esencial para que una elección sea expresión de la voluntad general es la libertad de los electores en todas sus manifestaciones, de pensamiento, expresión, organización y presentación de alternativas, es decir, todo lo contrario de un ambiente signado por la intimidación pública, chantaje económico y moral, cierre de medios de comunicación, cadenas, inhabilitaciones y judicialización de la persecución política.
Extrañamente, nadie discute la abierta parcialización del poder electoral, suerte de Ministerio de Elecciones cuyos miembros, del más encumbrado director hasta el más humilde operador técnico o de servicio, hacen demostraciones diarias de fanatismo revolucionario al que solo le falta corear: “Hu, ha, Chávez no se va”, como ya hacen los ilustres miembros del poder judicial.
Las elecciones del 26 de septiembre a la Asamblea Nacional son un ilustrativo ejemplo del nuevo modelo. Por el lado del régimen, el único candidato es el comandante en jefe, pero no por un error de campaña, sino porque debe de quedar deliberadamente claro que nadie tiene liderazgo propio ni apoyo electoral alguno, sino que hay un solo líder, un solo proceso, un solo poder. De paso, se niega desde el origen  y por principio la división de poderes.
Del lado de la oposición se habla de “unidad perfecta”, candidatos únicos, que no son tan importantes por los que promueven sino por los que dejan fuera, mediante un proceso de esterilización política. Se niega el pluralismo y la libertad de opciones, tanto para postularse como para elegir. Las decisiones que afectan a la mayoría se restringen cada vez más a un número cada vez menor de decisores, oscuros y subrepticios, al mejor estilo leninista.
La oferta electoral del gobierno se resume en profundizar la revolución; la de la oposición en llegar a ser gobierno. De hecho, si el oficialismo no tiene candidatos sino el presidente; la oposición no tiene sino candidatos a presidente.
Y esto es quizás lo extraordinario: los candidatos a la asamblea se presentan como si ya fueran candidatos presidenciales. Su oferta electoral no es parlamentaria sino ejecutiva y los niveles de populismo y demagogia rebasan todo lo hasta ahora sufrido en este país en materia de ofrecer sin tregua ni medida.
Se ofrece una ley de alimentación infantil, que bien puede conocerse como “ley tres papas”, que garantizará la alimentación de los niños desde el maternal hasta que se gradúen en la universidad o se mueran, lo que ocurra primero.
Ley del morral escolar, porque ninguna educación es suficientemente gratuita sino garantiza también que cada estudiante tenga todos los útiles que necesite; ley de transporte escolar, porque también hay que asegurar que los estudiantes lleguen a los colegios y luego de vuelta a sus casas, en forma rápida, segura, confortable y completamente gratuita.
En resumen, los candidatos a diputados a la asamblea nacional ofrecen asumir una suerte de paternidad compartida de todos los niños de Venezuela.
Una ley de desarme, para recoger los millones de armas de fuego que andan por ahí sin registro ni control y dar un gran paso hacia la seguridad colectiva; aunque ciertamente no se sabe porqué los delincuentes van a acatar esta ley siendo que nunca han respetado ninguna de las otras.
En este punto vale la pena recordar que es un principio constitucional que la existencia de una milicia popular es incompatible con la prohibición al pueblo de poseer y portar armas, lo que haría evidente el carácter partisano de la milicia. Así lo recoge la segunda enmienda de la constitución americana: “No se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.
Las leyes de desarme sólo favorecen a quienes las portan ilegalmente dejando a las personas respetuosas de la ley en estado de indefensión, libran al delincuente de la incertidumbre de que sus víctimas puedan estar a su vez armadas y por lo demás, los delitos que se comenten con armas registradas son estadísticamente irrelevantes, de manera que estas leyes son demostradamente ineficaces.
En conclusión, entre el candidato único y los únicos candidatos se consolida el nuevo sistema electoral, cuya característica esencial es que el régimen puede pintar el cuadro político que más le guste, así en las regiones como en la asamblea, con la anuencia de la oposición participacionista y protagónica.
En el frontis del CNE podrían escribir en letras doradas el epígrafe: “Menos elección, más negociación”.

OPOSICIÓN UNA Y TRINA
Quizás uno de los puntos más difíciles de explicar del nuevo cuadro político sea esa distinción entre la oposición al régimen y esa seudooposición, que en realidad son desprendimientos de la dictadura que comparten con ella mitos, visiones, fines pero disputan cargos, puestos o prebendas.
Esto es una complicación adicional, como si no hubiera sido suficiente la que ya existía entre la oposición participacionista y la oposición auténtica, radical, todo o nada, que se ha ido desplazando hacia la periferia, en la medida en que aparecen nuevas capas a partir del núcleo socialista y bolivariano.
Por poner un ejemplo gráfico, el jefe del comando Ayacucho, Ismael García, denunció ante la Fiscalía General de la República a Cristal Montánez, porque, según él, encabezaba una conspiración internacional contra Venezuela. La acusación era por alta traición a la patria, con solicitud de extradición, etcétera.
Pero en realidad el “Plan Bee” no era una conspiración golpista como creía el diputado acusador, sino un proyecto para producción de miel, que de eso sí sabe Cristal, para incorporar a la producción a mujeres de las zonas más deprimidas de Paquistán, línea de frente del terrorismo Talibán y que mereció el premio de emprendedores promovido por la BBC de Londres. Un alto honor para Venezuela en el exterior, tan acostumbrado a noticias aterradoras sobre este país.
Es innecesario exponer aquí el Plan Bee o destacar la imagen que presenta Cristal a favor de Venezuela en el exterior, que a todo evento se pueden encontrar fácilmente en Internet; el cuento es que no se sabe en qué quedó aquella denuncia, Ismael García nunca se ha retractado ni ha ofrecido la menor disculpa pública a Cristal, su familia y sus amigos, que fueron agraviados; pero sin solución de continuidad pasó del comando Ayacucho, que pedía la revocatoria del mandato de los diputados de la oposición en el antiguo congreso nacional, a diputado y candidato a diputado ¡de la oposición!
Ismael García nunca ha recogido ni una sola de sus palabras, es tan soberbio y agresivo como era antes, por lo que tenía razón cuando apoyaba a Chávez con todos los hierros (los que se le oponían estaban equivocados); pero ahora que se decide a enfrentar al comandante sigue teniendo la razón y los demás siguen estando equivocados. Si él es la oposición, ¿dónde se ubica Cristal y quienes pensamos como ella?
Se podría decir que él no es el único. Pablo Medina también denunció al Almirante Huizi Clavier en la Fiscalía, flanqueado por sus conmilitones Müller Rojas y Freddy Gutierrez, por causa de aquel enrevesadísimo caso de las armas de Bracamonte, que parece que hizo un diplomado en política exterior, de manera que desapareció de la escena, igual que las armas. El que no desaparece es Pablo Medina, ahora aguerrido candidato a diputado ¡de la oposición!
Si Pablo Medina es opositor ¿dónde podrá ubicarse al Almirante Huizi Clavier?
Y así podría extenderse la lista, al extremo que la discusión ideológica más álgida de la oposición es decidir si se considera al gobernador del estado Lara Henry Falcón y a todo el PPT de este bando o del otro.
En resumen, lo más importante de esta seudooposición no son quienes la conforman sino a quienes ellos dejan afuera. A codazo limpio, con zancadillas habituales y una sorprendente aceptación de los medios, se han apoderado del espacio opositor y para sorpresa de todos ahora ellos llevan la voz cantante, marginan, excluyen y suplantan a opositores que ahora pasan a ser “inexistentes”.
Sus mejores aliados los encuentra en la oposición participacionista, que manda a construir aeropuertos para que aterricen los chavistas que quieran venirse a sus filas; mientras levanta muros, alambradas y campos minados contra esa oposición radical, que se opone a la dictadura existencialmente.
A estos les toca la inexistencia, el silencio y aislamiento en este limbo interior fabricado por los socialistas de la oposición en complementariedad perfecta con la cárcel y el exilio administrados por el régimen.
La oposición pretende ser una, pero es trina, como el misterio de La Trinidad.

MILITARISTAS, GUERREROS, BOLIVARIANOS
“¡Quiero bañarme/ en una piscina/ llena de sangre/ de sangre enemiga!”; “¡Quiero bañarme/ en una palangana/ llena de sangre/ de sangre colombiana!”.
Estas edificantes consignas son voceadas acompasadamente no por allá en la frontera, no: en la avenida José María Vargas, entre Santa Fe y La Alameda, cerquita de la embajada americana. No por feroces pelotones de cazadores cara pintadas, no: ¡por la policía de Baruta!
Y es que eso les enseñan en la flamante escuela de policía, financiada con los impuestos de inocentes y pacíficos vecinos, entre los que no deben haber pocos colombianos, electores del alcalde Gerardo Blyde.
¿En qué cerebro turbulento se fraguarán estas consignas? ¿Quién tiene autoridad para imponerlas como adoctrinamiento para una tropa? Pero además, hasta ahora la policía municipal tenía carácter civil. ¿Quiénes pueden ser sus enemigos? Y, ¿por qué colombianos?
El síndrome Benavides ronda por todas partes, como el dengue. Es posible que esto tenga que ver con la militarización de todas las policías; es lo que nos espera con la “formación militar” en las escuelas.
En Venezuela se está fraguando algo extremadamente peligroso. Lo que percibe el ciudadano común desde afuera es que se ha puesto a la gente a marchar, a gritar consignas, a uniformarse, adoptando un lenguaje belicoso, irracional.
 ¿Existe alguna oposición a esta tendencia? No, en absoluto. Más bien, ni siquiera hay conciencia del problema. Nuestros líderes opositores no tienen empacho en llamar a la República “bolivariana”, aunque sean incapaces de explicar por qué y cómo una república puede ser “bolivariana” o “islámica”, como Irán.
Alguien dirá que por miedo o porque lo dice la constitución; pero, ¿la constitución dice que el Estado Miranda es “bolivariano”? ¿Por qué razón el gobernador Capriles Radowsky, que se supone fue electo con los votos de la oposición, dice con tanto énfasis: “Estado Bolivariano Miranda”? ¿Eso no es un contrasentido, no sólo histórico (considerando que fue Bolívar quien entregó a Miranda a los españoles) sino semántico? ¿También son bolivarianos los estados Vargas, Falcón, Anzoategui, gobernados por chavistas? ¿Y el estado Bolívar?
Puede contestarse que la oposición no va a detenerse a discutir cuestiones no relevantes, cuando hay problemas esenciales que sí le interesan a la población, es decir, que son movilizadores. Bien, lo que no se debe es deconstruir el lenguaje para caer en la magia, cayendo en el barranco del adversario.
El bolivarianismo es la fachada aparentemente plausible del totalitarismo, porque no se puede salir de allí, no se puede objetar, criticar, no admite oposición, pues ella implicaría ponerse fuera de la comunidad nacional, ser enemigo existencial, alguien condenado a la aniquilación.
Pero por donde se aborde la figura de Bolívar se constatará que era un militar, guerrerista y dictador. Quién sabe si la actual exuberancia, este atosigamiento propio de mentes primitivas y cuartelarías no sea la última batalla que tiene que perder para que, ahora sí, pueda bajar tranquilamente al sepulcro.
Sólo entonces los venezolanos estaremos libres de militarismo, guerra y dictadura.

Luis Marín
21-09-10

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